Murió a los 82 años uno de los periodistas más reconocibles y controvertidos de la televisión y la radio argentina. Con una carrera de más de seis décadas, Chiche Gelblung construyó una identidad profesional basada en la provocación, la entrevista sin concesiones y una permanente capacidad para instalarse en el centro de la escena.
Hay periodistas que pasan por los medios. Y hay otros que, de alguna manera, terminan formando parte de la historia misma de los medios. Samuel “Chiche” Gelblung perteneció a esa segunda categoría.
Su muerte, ocurrida este 9 de septiembre a los 82 años, cierra una trayectoria extensa, sinuosa y atravesada por éxitos, reconocimientos y controversias. Según fue informado, el periodista se encontraba internado en el Sanatorio Mater Dei debido a complicaciones derivadas de un cuadro respiratorio y había sido hospitalizado cuatro veces durante este año.
Gelblung fue, durante décadas, una presencia imposible de ignorar. En radio, televisión y gráfica desarrolló un estilo propio, muchas veces incómodo, que encontró en la polémica una herramienta de comunicación. Su manera de entrevistar, su tono provocador y su interés por los personajes capaces de generar controversia hicieron de él una figura central de la televisión argentina.
Una carrera que atravesó generaciones
Nacido en Buenos Aires el 7 de febrero de 1944, Gelblung comenzó su carrera periodística en los medios gráficos y llegó a ocupar la dirección de la revista Gente, una de las publicaciones de mayor influencia de la Argentina durante varias décadas. También trabajó como fotógrafo y corresponsal de guerra, antes de convertirse en una figura habitual de la radio y la televisión.
Su recorrido fue amplio y difícil de encasillar. Condujo programas periodísticos, participó de ciclos de actualidad y espectáculo y convirtió su apellido en una marca reconocible para varias generaciones de argentinos.
En radio consiguió además una permanencia excepcional. Programas como Hola Chiche y otras de sus emisiones se transformaron en espacios donde la actualidad política, el espectáculo, las historias policiales y los personajes mediáticos convivían sin demasiadas fronteras.
Su estilo era directo. No buscaba necesariamente agradar. Muchas veces buscaba provocar.
Y allí estaba buena parte de su secreto televisivo.
El periodista de la pregunta incómoda
Gelblung perteneció a una generación de periodistas que entendió la televisión como un territorio donde la noticia debía competir con el entretenimiento. En ese escenario construyó una personalidad reconocible: preguntas directas, comentarios filosos y una permanente búsqueda de aquello que pudiera generar reacción en el entrevistado y en el público.
Esa fórmula le permitió mantenerse vigente durante décadas.
Pero también generó fuertes cuestionamientos.
A lo largo de su carrera recibió críticas por declaraciones y posiciones que provocaron controversias públicas. Su trayectoria quedó asociada a discusiones sobre los límites del periodismo, el tratamiento de determinados temas y las responsabilidades de quienes trabajan frente a una cámara o detrás de un micrófono.
Esa dimensión polémica no fue un accidente de su carrera: terminó convirtiéndose en parte de su identidad pública.
Entre los premios y las críticas
La figura de Gelblung también tuvo reconocimiento dentro de la industria. Obtuvo premios Martín Fierro por su trabajo en radio y recibió un Premio Konex en 2007 por su trayectoria como conductor radial.
El reconocimiento profesional convivió, sin embargo, con una permanente discusión acerca de sus métodos y de los límites que debía tener el periodismo televisivo.
Esa contradicción probablemente explique mejor que cualquier otra característica su permanencia.
Gelblung podía ser celebrado y cuestionado al mismo tiempo. Podía generar admiración entre colegas y rechazo entre otros sectores del periodismo. Podía protagonizar una entrevista por la calidad de sus preguntas y, al mismo tiempo, convertirse él mismo en noticia por alguna declaración.
En definitiva, Chiche Gelblung consiguió algo que muy pocos comunicadores alcanzan: construir un personaje periodístico imposible de confundir.
Un estilo que sobrevivió a los cambios de la televisión
La televisión argentina cambió varias veces durante su carrera.
Cambió el lenguaje, cambiaron las audiencias, aparecieron los canales de noticias, internet transformó el consumo de información y finalmente las redes sociales modificaron para siempre la relación entre periodistas, entrevistados y espectadores.
Gelblung atravesó todos esos cambios.
Su capacidad para adaptarse a distintos formatos fue una de las razones de su permanencia. La radio le permitió desarrollar con mayor libertad su estilo conversacional; la televisión le otorgó visibilidad masiva; y los ciclos de actualidad y espectáculos le permitieron mantenerse conectado con los temas que dominaban la agenda.
En una época donde la televisión buscaba permanentemente una nueva figura capaz de generar audiencia, Gelblung ya había construido una identidad propia.
No necesitaba presentaciones.
Su nombre alcanzaba.
Una figura que obliga a discutir qué es el periodismo
La muerte de Chiche Gelblung no clausura las discusiones sobre su carrera. Probablemente las profundice.
Porque su trayectoria representa también una etapa del periodismo argentino en la que la frontera entre información, espectáculo, opinión y provocación comenzó a hacerse cada vez más difusa.
Gelblung fue parte de esa transformación y, al mismo tiempo, uno de sus protagonistas.
Su legado no puede reducirse a una colección de programas, entrevistas o premios. Tampoco a sus polémicas. Su recorrido obliga a mirar una época de los medios argentinos y preguntarse qué lugar ocupaba el periodista cuando la televisión se convirtió en espectáculo permanente.
Fue un periodista polémico, sí.
Pero también fue un trabajador de los medios que logró permanecer durante más de sesenta años en una profesión marcada por la fugacidad.
El último adiós
A los 82 años, Chiche Gelblung deja una historia difícil de resumir en una sola definición.
Fue periodista gráfico, conductor de radio, entrevistador, hombre de televisión, fotógrafo y corresponsal. Fue reconocido y cuestionado. Generó adhesiones y rechazos. Y, sobre todo, consiguió algo que constituye una de las medidas más contundentes de la influencia de un comunicador: durante décadas logró que la sociedad hablara de él y de aquello que decía.
Su muerte marca el final de una era para el periodismo argentino.
Una era en la que la televisión tenía conductores con nombres propios, estilos inconfundibles y capacidad para convertir una entrevista en acontecimiento.
Chiche Gelblung fue uno de ellos.
Y quizá por eso, incluso después de su muerte, seguirá siendo motivo de conversación.