Una serie de audios atribuidos al presidente boliviano Rodrigo Paz y al consultor argentino Fernando Cerimedo vuelve a colocar en el centro de la escena una pregunta inquietante: ¿hasta dónde llegó la intervención del asesor argentino en las decisiones del gobierno de Bolivia? La oposición y el vicepresidente Edmand Lara reclaman investigar el material, mientras crece la sospecha de una operación política alrededor del estado de excepción.
La política boliviana vuelve a quedar atrapada en una trama donde se mezclan poder, propaganda, inteligencia y operaciones políticas.
El nombre que aparece nuevamente en el centro de la escena es el de Fernando Cerimedo, consultor argentino que en los últimos años construyó una extensa red de vínculos políticos en América Latina. Esta vez, el escenario es Bolivia y la controversia tiene como protagonista al presidente Rodrigo Paz.
Una investigación publicada y firmada por Raúl Kollmann e Irina Hauser, revela nuevos elementos sobre una supuesta conversación entre Paz y Cerimedo en la que ambos habrían hablado sobre la forma de presentar públicamente un estado de excepción. La existencia y autenticidad de los audios deberá ser establecida mediante una investigación oficial, pero el contenido atribuido a ambos dirigentes ya provocó un fuerte impacto político.
La cuestión no es menor.
En cualquier democracia, la declaración de un estado de excepción constituye una decisión extraordinaria que afecta derechos, modifica el funcionamiento institucional y habilita al Estado a utilizar herramientas de fuerza que no forman parte de la normalidad democrática.
Por eso, si una medida de esa naturaleza hubiera sido discutida como una puesta en escena comunicacional o como parte de una estrategia destinada a dividir a determinados sectores sociales, la gravedad política sería considerable.
Una conversación que encendió las alarmas
El audio fue difundido por el vicepresidente boliviano Edmand Lara, quien atribuyó la conversación a Rodrigo Paz y Fernando Cerimedo.
Según el material presentado, la discusión habría girado alrededor de cómo construir una narrativa para acompañar la eventual firma de la medida.
En la conversación aparece reiteradamente la idea de una “novela” o un “show” alrededor de la promulgación. También se plantea la necesidad de diseñar una estrategia política y comunicacional que genere determinadas expectativas en la sociedad.
En otro tramo, siempre según la transcripción difundida, se analiza la posibilidad de aplicar un estado de excepción de manera focalizada en determinadas regiones.
El lenguaje utilizado en el audio es particularmente contundente. Paz habría planteado la posibilidad de utilizar la medida para dividir a los sectores movilizados y separar determinadas demandas sociales de grupos a los que el Gobierno vincularía con el terrorismo.
Cerimedo, por su parte, aparece interviniendo en la conversación y respaldando la necesidad de construir una estrategia comunicacional.
El dato político más relevante no está solamente en lo que se dice.
Está en quiénes lo dicen.
¿Quién es Fernando Cerimedo?
Cerimedo no es un desconocido en la política latinoamericana.
El consultor argentino se convirtió en una figura vinculada a campañas electorales y estrategias de comunicación política en distintos países de la región. Su nombre quedó asociado a operaciones digitales, redes sociales y construcción de narrativas electorales.
Su aparición en Bolivia vuelve a despertar interrogantes sobre el papel que desempeñaba realmente dentro del entorno presidencial.
La versión oficial había intentado presentar su participación como acotada. Sin embargo, el vicepresidente Lara sostiene que los audios demostrarían que su relación con Paz habría sido mucho más profunda de lo reconocido.
“Si se confirma que el audio es real, el escenario político cambia”, es, en definitiva, la conclusión que subyace a la denuncia.
Porque una cosa es que un consultor asesore sobre comunicación.
Otra muy distinta es que participe en conversaciones vinculadas con la decisión política de aplicar una medida excepcional.
El estado de excepción como herramienta política
El punto más delicado de la trama es la utilización del estado de excepción.
En los audios atribuidos a Paz y Cerimedo, la discusión no parece limitarse a cuestiones jurídicas o institucionales. Según la transcripción difundida, se habla de escenarios posibles, territorios donde aplicar la medida, reacciones mediáticas y estrategias destinadas a generar determinados efectos políticos.
La frase “la narrativa la armamos nosotros”, atribuida al presidente, concentra buena parte de la controversia.
Porque plantea una concepción de la política en la que el acontecimiento deja de ser solamente una decisión de gobierno y pasa a ser también una construcción comunicacional.
Primero se diseña el relato.
Después se administra la percepción pública.
Y finalmente se ejecuta la política.
Si esa interpretación fuera confirmada por una investigación independiente, el caso podría convertirse en uno de los episodios más delicados de la administración de Paz.
La denuncia de Evo Morales
La polémica también fue retomada por Evo Morales, quien denunció internacionalmente una supuesta operación destinada a vincularlo con el intento de femicidio contra Nadia Beller, pareja de Cerimedo.
Todo indica que hay una trama más amplia, en la que se cruzarían el caso Beller, los vínculos de Cerimedo con sectores del poder boliviano y la discusión alrededor del estado de excepción.
Morales llegó incluso a señalar a Cerimedo como un supuesto “hombre de la CIA en Bolivia”, una acusación política que requiere ser diferenciada de hechos judicialmente comprobados.
La dimensión internacional del caso agrega todavía más tensión.
Bolivia no es un escenario aislado. Las redes políticas y comunicacionales que rodean a determinados consultores atraviesan fronteras y conectan campañas, gobiernos, medios digitales y operadores políticos.
Lara abre la caja de Pandora
El vicepresidente Edmand Lara fue quien puso públicamente los audios sobre la mesa.
Según informaciones difundidas en Bolivia, Lara anunció que el material sería remitido al Ministerio Público para que se realice una pericia destinada a determinar su autenticidad.
Ese punto resulta fundamental.
La discusión política puede avanzar todo lo que quiera, pero la prueba definitiva deberá surgir de una investigación técnica que determine si las voces corresponden efectivamente a Paz y Cerimedo, cuándo fueron grabadas y si el material fue manipulado.
Mientras tanto, el Gobierno enfrenta un problema político evidente.
Cada día que pasa sin una explicación convincente alimenta las sospechas.
Una región atravesada por las operaciones políticas
El caso boliviano también puede leerse dentro de un fenómeno regional.
Durante los últimos años, las campañas electorales latinoamericanas comenzaron a incorporar herramientas cada vez más sofisticadas: redes de cuentas falsas, segmentación digital, ejércitos de trolls, inteligencia artificial, campañas de desinformación y estrategias destinadas a instalar determinadas narrativas.
La política dejó de librarse exclusivamente en las plazas, los partidos y los medios tradicionales.
Ahora también se disputa en los algoritmos.
Cerimedo aparece precisamente en esa zona gris donde comunicación política, consultoría electoral y operaciones digitales pueden mezclarse.
Por eso su participación en Bolivia despierta tanta atención.
No se trata únicamente de un asesor.
Se trata de la discusión acerca de quién construye el relato político de un gobierno y hasta dónde puede llegar esa intervención.
Una investigación que recién comienza
El caso todavía tiene muchos interrogantes abiertos.
¿Son auténticos los audios?
¿En qué fecha fueron registrados?
¿Quién realizó las grabaciones?
¿Quién las entregó al vicepresidente?
¿Cerimedo tenía funciones formales dentro del Gobierno?
¿Hasta qué punto participó en decisiones vinculadas con el estado de excepción?
¿Existieron otras conversaciones?
¿Hubo coordinación con sectores de seguridad o inteligencia?
Las respuestas deberán surgir de una investigación judicial y parlamentaria seria.
Mientras tanto, el escándalo ya produjo su efecto político.
La figura de Cerimedo vuelve a estar en el centro de la discusión regional y el gobierno de Rodrigo Paz enfrenta una pregunta incómoda: si los audios fueran auténticos, ¿quién tomaba realmente las decisiones?
La democracia frente al espejo
El episodio boliviano tiene una enseñanza que excede las fronteras del país.
Los estados de excepción son herramientas extraordinarias. Su utilización exige controles institucionales, fundamentos jurídicos y transparencia.
Cuando esas medidas aparecen asociadas a estrategias de comunicación, operaciones políticas o relatos diseñados para influir sobre la percepción social, el problema deja de ser solamente político.
Se convierte en una cuestión democrática.
Porque una democracia puede soportar una campaña dura, una oposición agresiva y una disputa electoral feroz.
Lo que no debería naturalizar es que la excepcionalidad se convierta en espectáculo.
La investigación recién comienza. Los audios deberán ser peritados y las responsabilidades, si las hubiera, deberán determinarse con pruebas.
Pero la pregunta ya quedó instalada en Bolivia:
¿Quién escribe la “novela” del poder cuando el Estado decide recurrir a la excepción?
Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando quienes deberían garantizar las reglas del juego aparecen, presuntamente, discutiendo cómo diseñar el escenario antes de levantar el telón?